Pararse a pensar puede ser peligroso.
En primer lugar, porque depende de en dónde te pares las consecuencias pueden ser catastróficas. Más de una vez los trenes han arrollado a personas que les dio por pensar cuando cruzaban la vía... estoy segura de que si los habitantes de Pompeya hubiesen corrido en vez de pararse a pensar (ya sea en cuestiones metafísicas psicosacrosantas de la época o en lo bonito que quedaba el montecillo ese todo de rojo) hubiesen sobrevivido.
Pero bueno, también es cierto que es peligroso por lo que pueda resultar de aquello.
Dependiendo del grado de cultura y cantidad de conocimientos que se tenga, los asuntos pueden ser complicados de cojones y ya no digo nada si se viven situaciones extrañas.
Os estareis preguntando por qué hablo de esto...
Porque creo que es un tema del que merece la pena hablar y porque me da la gana (que para eso es mi blog)
Bien, otra de las razones por la que digo esto es porque el otro día me pasó una cosa cuando no curiosa, preocupante. Yo suelo meterme en mi mundo y darles muchas vueltas a las cosas, pero lo del otro día fue un caso aparte... me dio por pensar el por qué de las cosas de manera detenida. Resulta que una idea me llevó a la otra y terminé no sólo desviandome completamente del tema sino que también me entró una paranoia gordísima:
Acabé imaginando que yo era una guerrera que vagaba por la tierra media cazando dragones rojos, pero que no podía ver ninguno (no caí en la cuenta que ingiriendo según qué pastillas se ven dragones rojos voladores en cero coma)
Buscando buscando acabé encontrándome con un ser de un metro de altura, verde y con cuerpo humanoide... su cabeza no tenía cara, pero estaba coronada por una antenita de cuya punta asomaba un ojo (creo que la función de este ojo era despistar a posibles depredadores, porque creo que el bicho me miraba por la boca, que se encontraba en el cuello. Más tarde descubrí que me hablaba por una raja que tenía en el estómago)
El caso es que le dije:
-Hola, estoy cazando dragones rojos pero no veo ninguno, eres un marciano?
A lo que él me respondio:
-soy vegetariano (cosa perfectamente comprensible a juzgar por su color)
Le dije que si me podía ayudar a cazar dragones y me respondió que no, porque no cazaba lo que no iba a comer y los dragones eran carne. Acabamos disertando acerca de la exquisitez y nutrientes de las ensaladas, pero aquello acabó en un concurso de a ver quién se sabía más nombres de Mc Menús. El extraterrestre resultó ser un completo gilipollas.
Finalmente abandoné al presunto (palabra que adoran los periodistas porque la meten por doquier, otro día hablaré sobre eso) marciano y continué andando.
Asombrosamente, llegué a un campo que parecía de hierbajos pero que luego resultaron ser plantitas con dos pétalos que parecían alas de murciélago y una especie de capullín con forma de cabeza de lagarto en la punta... Resulta que había llegado a una plantación de plantas-dragones. En ese momento pensé:
-Que se joda el marciano ese de los cojones, ahora todos los dragones serán para mí.
Comencé a recogerlos (cosa nada fácil porque los cabrones tenían espinitas a modo de dientes y mordían) y en esto me salta un duendecillo con un canuto enorme en la boca gritándome que qué coño estaba haciendo y que no le robara su plantación, que si no él y su comuna duendil no podrían colocarse. Se me quedó mirando fijamente y...
...Y en ese momento volví a la realidad para darme cuenta de que el ser que tenía mirándome frente a mí no era otro que mi profesora de psicología, a la cual llamo cariñosamente (no tanto) La Psicoloca.
Para mi horror, me estaba haciendo una pregunta... Dios mío, ¿cómo explicarle que había estado empanada y que no presté atención? (Siendo La Psicoloca, fijo que me descuartizaba, robándole el puesto a cierto descuartizador que conozco)
-No, verá, es que estaba muy ocupada cazando dragones rojos por la Edad Media, discutiendo con marcianos y jodiendoles las plantaciones a los duendes como para escucharla, profesora:
El caso es que un compañero mío me susurró lo que se supone, era la respuesta a la pregunta que yo no había oído: esternocleidomastoideo, a lo cual yo respondí llena de incredulidad (y más alto de lo que hubiese querido)
-SÍ, LOS COJONES
La profesora dio un pequeño respingo y me dijo:
-Muy bien, cariño, respuesta correcta pero modere su lenguaje.
Yo flipando en colorines. Más tarde me enteré de que lo que me preguntó era algo parecido a "qué produce la testosterona". Evidentemente, los cojones (aunque había que responder testículos)
Tuve muchísima suerte y desde aquel día no he vuelto a permitirme pensar tanto en las clases, porque termino imaginándome cosas raras...
Hasta ahí la anécdota, espero que os haya gustado
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Eso es emparanoiarse en clase y lo demás son tonterías XDDD Desde luego lo que no te pase a ti... (bueno, yo tampoco me quedo corta XD).
ResponderEliminarEn fins, esperemos que la Psicoloca no te mate xD ¡Quiero más paranoias!
Si yuuuuu
A Lori:
ResponderEliminarHehe la verdad es que he tenido desvaríos peores, me hubiese gustado saber cómo acababa aquello...
Y no, no te quedas corta XDDDDD
La Psicoloca me matará sí o sí porque el examen pinta muuuy chungo.
Sí estoy pensando en más paranoias, tu tambien añade más, que molan!!!!